Un pasajero le toca el hombro al taxista para hacerle una pregunta.
El taxista grita, pierde el control del coche, casi choca con un camión, se sube a la acera y se mete en un escaparate haciendo pedazos los vidrios.
Por un momento no se oye nada en el taxi, hasta que el taxista dice:
– Mire amigo, jamás haga eso otra vez!!!. Casi me muero del susto!!!!. El pasajero le pide disculpas y le dice:
– No pensé que fuera a asustarse tanto si le tocaba el hombro.
El taxista le dice: – Lo que pasa es que es mi primer día de trabajo como taxista.
– ¿Y qué hacía antes?.
– Fui chofer de carroza funeraria durante 25 años.-
Mi querida Mathilde, acabo de leer tu texto El pasajero con una sonrisa que se fue ampliando suavemente hasta convertirse en una carcajada interior, qué fineza en la narración, qué dominio del ritmo y del remate final! nos embarcas en una escena casi banal, un gesto simple, un leve toque en el hombro, y de pronto todo se desmorona literalmente y ese final, deliciosamente absurdo, donde descubrimos que el conductor del taxi pasó veinticinco años conduciendo un coche fúnebre… es sabroso, inesperado, perfectamente medido, tienes ese talento raro de hacer surgir el humor donde no se lo espera, sin forzar jamás el trazo, tu escritura es fluida, precisa, elegante, y detrás de la ligereza aparente, se siente una verdadera ternura por los personajes, incluso los más fugaces, sabes captar el instante, transformarlo, hacerlo vibrar, y sin embargo, a pesar de mis ganas de decírtelo directamente, imposible comentar en tus otros dos blogs, lo he intentado, varias veces, pero las páginas se cierran, saltan, como si se negaran a que uno deje una palabra, tal vez un pequeño capricho técnico, o una guiñada del destino digital… sea lo que sea, quería que supieras cuánto he disfrutado ese momento de lectura, que tu tarde sea suave, Mathilde, como una tela ligera sobre la piel, que la noche te traiga sueños llenos de destellos de risa, de destellos de estrellas, de destellos de ti, y que mañana, al despertar, la inspiración te encuentre, fiel, posada al borde de tu taza de café, besos tiernos, Régis. 🪶
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