Cuatro colegas están en el bar charlando y decidiendo cuándo y dónde se van a encontrar para pescar. Uno está todo el rato con la mosca detrás de la oreja, porque no sabe cómo decirles a los demás que probablemente - por su mujer - no va a tener otro fin de semana "libre". Cuando finalmente suelta la bomba, obviamente se burlan de él el resto de la noche.
Frustrado, se va a casa y les desea a sus colegas un buen fin de semana.
Los tres se ponen en marcha el sábado por la mañana a las 5, para pillar un buen sitio. Cuando se abren paso entre la maleza hasta el lago, ven a su 4º colega, que ya está allí sentado en una silla plegable, con una hoguera a la espalda, una lata de cerveza en una mano y la caña de pescar en la otra.
"¿Y tú de dónde sales? ¿No tenías permiso?" "¡Llevo aquí desde el viernes!" "¿Y, cómo es que de repente?"
"Ah, pues fue así: Cuando el jueves volví del bar a casa y me iba a sentar delante de la tele con una cerveza, de repente mi vieja apareció detrás de mí y me tapó los ojos. Cuando me dejó darme la vuelta, estaba delante de mí con un camisón transparente y me dijo: ¡SORPRESA! - llévame al dormitorio, átame a la cama y luego haz lo que quieras!"
"... Y qué os voy a decir: ¡AQUÍ ESTOY!"
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