Un hombre compra un loro, pero descubre que el animal dice puras groserías. Desesperado por educarlo, un día que el loro empieza a insultar a las visitas, el dueño lo agarra y lo mete en el congelador para que se calme.
Se oyen gritos y aleteos, y de repente, silencio total. El hombre, asustado por si le pasó algo, abre la puerta del congelador. El loro sale, se sacude el hielo y dice con voz muy humilde:
— Sinceras disculpas por mi comportamiento y mi lenguaje soez. Le prometo que no volverá a ocurrir.
El dueño está asombrado por el cambio, pero antes de que pueda decir nada, el loro añade:
— Solo una pregunta... ¿Qué fue lo que hizo el pollo?
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